Versos hechos de fuego y de hielo, de una sangre que se incendia o se congela, y que se funden en la delirante atmósfera de su primer poemario: 'Clamor en el crepúsculo'. Por aquellos mismos espacios, donde a veces el tiempo deja de existir, se desliza la voz del poeta, que nos recuerda los placenteros enga?os de nuestra existencia y que nos habla de los desfallecidos mensajes que llegan hasta la orilla de este mundo, visible y conquistado, pues algo que no tiene nombre, ni voz ni forma nos acecha en cada estrofa y hace que nos detengamos en su lectura, bien en busca de una salida ante la desolación de lo que estamos leyendo, bien para sumergirnos en los cálidos paisajes donde el autor nos transporta, all¡ donde deliran los d¡as y ruge el deseo.